“Ponerse la camiseta”, un llamado obsoleto en la gestión del talento humano

En el mundo empresarial y sobre todo el laboral se suele aún utilizar la frase, tienes que “ponerte la camiseta”. Con esta frase se busca comprometer al personal a quedarse horas extra, a ir a trabajar en días feriados, a ir en horas no laborables, dejando sus compromisos de familia o personales con tal de ayudar a desarrollar tareas y asignaciones con el fin de apoyar a lograr los objetivos de la empresa. Si es que alguien no hace nada de las cosas antes mencionadas es por no quiere trabajar y mucho menos se identifica con la empresa.

Se ha utilizado la frase “ponte la camiseta” desde los años 90’s. Era la apelación más enfática que realizaban las empresas el cual tenía eco entre sus ejecutivos y empleados. Ahora eso ha cambiado.

Pero, eso cambió rotundamente ¿Por qué?

La idiosincrasia mundial ha dado un giro contundente de mano de la tecnología, la horizontalización de la información, la mayor participación de la sociedad en su agenda de prioridades, la creciente empatía de jóvenes generaciones con valores trascendentes y derechos esenciales, la priorización del concepto de “bienestar” por sobre el de “productivismo”, las dificultades del propio sistema capitalista para promover desarrollo reduciendo brechas de desigualdad, la conciencia de que la “transparencia” es un vector fundamental para construir tejidos de relaciones sostenibles (tanto institucionales, sociales como empresariales).

En muchas empresas la pregunta suele ser recurrente a la hora de redefinir roles entre su personal o de salir a buscar talentos: ¿qué quieren los profesionales de hoy?

El analista internacional y pensador Moisés Naim lo define muy bien en su libro El fin del poder: “El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero, el poder también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder”.

Las empresas que no entiendan profundamente el alcance de este cambio de paradigmas (que ha llegado a todos los rincones del mundo) está condenada a sufrir crisis estructurales en sus equipos de trabajo. Y, más temprano que tarde, en sus resultados económicos.

En el pasado los líderes de las compañías, desde el poder validado de las corporaciones,  convocaban a “ponerse la camiseta” para que cada quien diera lo mejor de sí por la organización. Y el mensaje tenía arraigo porque la empresa era vista y vivenciada como un sistema que garantizaba ingresos, seguridad y pertenencia.

Estos tres beneficios eran lo suficientemente relevantes como para que el empleado comulgue con culturas organizacionales que respetaba (en primer término) y no estaba dispuesto a cuestionar (en segundo término). Como consecuencia, la empresa (sus fundadores, directivos, management en general) percibía que las metas se podían cumplir en base a respeto, disciplina y compromiso.

Hoy, las expectativas pasan por otro lado. Fundamentalmente para los millennials (nacidos desde principios de los ’80s hasta finales delos ’90), quienes se están incorporando a las empresas y, en gran medida, “contagiando” y “apelando” con su visión del mundo a generaciones anteriores (la Generación X, nacidos entre los ’70 y ’80 y los baby boomers, nacidas entre 1933 y 1960).

La búsqueda del bienestar integral, el desarrollo como persona, la posibilidad de experimentar el cambio, participar de las decisiones, cuestionar y confrontar órdenes, sentirse protagonistas de los procesos, actuar desde la sensación de libertad/ apertura / posibilidades múltiples guían a las jóvenes generaciones en todos los ámbitos de su vida, incluida la laboral.

Frente a ello, las empresas necesitan comprender que la convocatoria a “ponerse la camiseta” de la organización es un mensaje, no sólo anticuado, sino carente de significación.

Entonces lo que hoy necesitan hacer es de crucial importancia. crear los equipos de trabajo más creativos, rescilientes, productivos y adaptados será la convocatoria que promueva a cada quien “ponerse SU mejor camiseta”.

Las nuevas políticas de recursos humanos deben comprender que sus empelados ya no buscan seguridad a cambio de disciplina y respeto al orden organizacional. Antes bien buscan un ambiente de desarrollo que les permita ser su mejor versión de si mismo para ponerla al servicio de la organización.

De la visión de adaptación del empleado a la empresa es preciso pasar a la visión de la adaptación de la persona a su mayor potencial. Desde esta perspectiva, lo fundamental no es crear en los equipos líderes verticalistas que sepan bajar directivas, sino autolíderes que sean creativos a la hora de encontrar soluciones.

Lo que hará grandes, exitosas y sustentables a las empresas ya no es el productivismo sino la innovación. Y para ir por ese camino, el amor a la propia camiseta puesta al servicio del conjunto, podría ser un muy buen camino a recorrer.

El profesor de Maestrías y Programas Ejecutivos de las Universidades Argentina de la Empresa (UADE) y de Palermo y como consultor privado, Guillermo Occhipinti, concluye, en su investigación aplicada a estudiar la conducta de al menos, 1.200 personas por año que pasan por sus cursos, en donde tiene la oportunidad aplicar preguntas relacionadas a ¿Qué es lo que que busca usted en este trabajo? o ¿Por qué desearía trabajar en dicha compañia?, de que: Cada uno es responsable de su vida y un fin en sí mismo. Esto, incluso, puede estar atentando contra “la camiseta de la empresa” que buscan las compañías a través de conexiones emocionales y estrategias de branding (marca) para atraer la gente más adecuada.

El propósito de los individuos es ayudar a la organización a conseguir sus objetivos: pero no desde la mirada tradicional. Es decir trabajar, trabajar y solo trabajar. Los jóvenes son más exigentes y valoran mucho acciones que se lleven dentro de la empresa en cuanto a reconocimiento, transferencia de conocimientos, etcétera. Lo cierto es que hoy pocos confían en el trabajo de por vida.


Es indispensable que la capacidad, la habilidad, o el conocimiento sean los principales activos de la organización en donde se fomente que los empleados desarrollen la mejor versión de ellos mismos.

Según el consultor, los profesionales de hoy rompieron el paradigma del sacrificio, como ritual de horas en el trabajo. “Privilegian el mix entre vida pública y privada y se relajan entrando a páginas sociales de internet”, puntualiza.

En los tiempos en que vivimos el cambio en las organizaciones exige asimilar que antes “los viejitos” salían a fumar, tomar un café y también perdían el tiempo; y al contrario los directivos deben entender que independientemente del nombre o prestigio de una empresa, estos quieren empresas desafiantes, aprenden muy rápido y tienen poca paciencia, tienen disciplina profesional, una alta identificación con lo que hacen y se manejan muy bien en organizaciones virtuales, es decir usan la tenologia y viven con ella a cada instante.

Por lo mismo las organizaciones no deben hacer cosas contraproducentes como por ejemplo: recortar el acceso a internet a sus empleados con el fin de que sean más productivos, obviamente desde su perspectiva como jefes. Lo mejor que pueden hacer es estimularlos para que trabajen y añadan valor. Entendiendo que ellos quieren trabajar menos y ganar más. ¿Les suena extraño? Pura evolución, ellos también serán los “jóvenes de ayer”.

Fuente: Internet

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