El infarto al corazón, caracterizado por una opresión intensa en el pecho y dificultad para respirar, es la primera causa de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al año 17 millones y medio de personas dejan de existir por esta causa.

“Los principales factores de riesgo que llevan a tener un infarto al corazón son la hipertensión, la diabetes mal controlada, el tener el colesterol y triglicéridos altos, y el tabaquismo”, explica Bristan Maraza, médico cardiólogo de Solidaridad Salud.

Cuando se aproxima una crisis, los síntomas son: falta de aire, a veces náuseas, mareos, y dolor en el pecho, que puede extenderse al brazo izquierdo. Pero existen otros signos de alerta menos frecuentes que no debemos subestimar. “Hay dolores atípicos, como punzada en la boca del estómago, puede ser un dolor en la mandíbula o que se va al cuello, como que se atoraran al pasar el alimento, ese es un dolor muy frecuente de una angina de pecho atípica”.

Un infarto al corazón puede tomarnos por sorpresa. En ese caso hay primeros auxilios que podemos poner en práctica. “Lo primero, verificar si el paciente tiene pulso, si está respirando, si está consciente. si vemos que hay pulso y está inconsciente, tumbarlo al piso sobre algo duro y darle primeros auxilios, que es el masaje cardíaco y respiración boca a boca”, señala el especialista.

Media hora diaria de actividad física moderada, como las caminatas, el ciclismo, la natación o el baile, ayuda a prevenir el infarto cardíaco. José Manuel Sosa, médico cardiólogo de la Clínica Internacional, da algunas pautas: “La caminata tiene que ser a paso rápido, como si estuvieras llegando tarde a una cita importante, que te haga transpirar. el baile es muy importante, te disminuye el estrés, el sobrepeso, te va a aumentar el colesterol bueno, disminuye la glucosa y la presión arterial”.

La alimentación también contribuye a cuidar nuestro corazón. “Hay algunos alimentos, como las frutas y las verduras, por su contenido de fibras y de sustancias antioxidantes, que son buenas para el corazón, ya que disminuye el colesterol malo, regula la presión arterial y otorga antioxidantes, que van a combatir radicales libres, que son los encargados de producir enfermedades crónicas no transmisibles”, recomienda la nutricionista Sylvia Rodríguez.

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