¿Juguetes tradicionales o juegos tecnológicos?

La tecnología ha entrado en nuestras vidas , por un lado vemos cómo tristemente está cambiando o perdiendo nuestros juegos tradiciones y por el otro como van apareciendo nuevos juegos y como la interacción con estos hacen que las conductas y habilidades empiecen a tan temprana edad. Por ejemplo ya no nos sorprende ver a un bebé jugando con el celular de su papá. Los niños a edades más tempranas están demandando juguetes tecnológicos; como es el caso de los videojuegos. ¿Dónde quedaron los trompos, las canicas o las escondidas?

Las formas de jugar están cambiando y se está transformando la educación de los niños con la innovación de éstos juguetes electrónicos.

Diferencias entre los juguetes tradicionales y los tecnológicos

La principal diferencia entre ambas clases de juegos es el tipo de actividad que requieren de la persona, de manera que, con cada tipo de juguete estamos estimulando y favoreciendo aprendizajes diferentes. Las consolas, videojuegos, ordenadores infantiles, televisión, etc., en sí, no hay niño que no los conozca y la mayoría los utiliza en un momento de ocio, y hasta los llegan a convertir en sus juguetes favoritos. Jugar de esa forma no implica desechar lo tradicional como los trompos, las cuerdas; porque cada actividad complementa a la otra y aporta ciertos beneficios. Los mismos pedagogos aseguran que la era virtual ayuda al desarrollo de la parte motora fina, es decir, los dedos, la vista y el cerebro, pero deja de lado la socialización, lo que hace a la persona que los juega más individualista y pasiva, pero no existe mayor aporte.

En el caso de un videojuego, el niño debe escoger de entre una serie de respuestas y acciones preestablecidas, cerradas. La imaginación del niño es estimulada, sí, pero su creatividad se reduce al descubrimiento de las relaciones causales que existen entre las posibilidades que ofrece el juego.

Por el contrario, el juguete tradicional, una muñeca de peluche, una caja de plastilinas, ofrece más preguntas que respuestas. La imaginación y la creatividad del niño tienen que completar todas las soluciones que no ofrece el juguete: ¿dónde vivirá la muñeca?, ¿cómo se llamará?, ¿le gustarán los espaguettis?, ¿se llevará bien con el osito?, etc.

Los beneficios de los juegos tecnológicos

Algunos estudios han logrado demostrado que, por ejemplo, los videojuegos estimulan la coordinación psicomotora del niño, sus estrategias para la resolución de problemas bajo determinadas condiciones, la capacidad para perseverar en una tarea…
Adicionalmente a ello, le aportan algunas experiencias que no pueden vivir a través de los juegos tradicionales, incluso existen juegos específicos para tratar algunas discapacidades o problemas de aprendizaje en el campo de la educación y la psicología.

La clave esta en saber escoger que tipo de videojuego será el apropiado para los niños pues se debe pensar en su salud mental integral la cual se reflejara en como vive y vivirá en la sociedad.

El juego como proceso de socialización

Mediante el juego el niño ensaya y practica muchas de las actividades a las que se enfrentará en la vida adulta. Por eso, a partir de los cuatro años gran parte de la actividad lúdica del niño se invierte en la imitación de modelos. Y normalmente estos modelos son tomados de los adultos que rodean al niño.

Luego, de manera supervisada, hacerle  jugar con juguetes electrónicos que requieran el manejo de joysticks, ratones, botones y teclas, pantallas o interfaces, etc, los cuales asegurarán la posterior adaptación del niño al mundo tecnológico en el cual vivimos.

Es necesaria la supervisión de adultos maduros o jóvenes consecuentes con el buen uso de la tecnología, pues si no se hace se corre el riesgo de tener el problema de la insensibilización. ¿Por qué? Porque de la misma manera que el niño adopta modelos de conducta mediante el juego, también adquiere también valores y actitudes. Y en muchos de los juegos disponibles en internet o en las consolas de  vídeo, por muy virtuales que sean, se normaliza la violencia como medio para resolver conflictos, o se justifican conductas discriminatorias.

Los riesgos de los juegos tecnológicos

  • No interactúan con la familia, o lo hacen mucho menos.
  • No conocen a otras personas, otros niños y mayores.
  • No hablan.
  • No se mueven del asiento, y como sabemos el sedentarismo es enemigo de la salud.
  • La vista se cansa al estar centrada continuamente en mirar tan de cerca. Lo habitual es que el ojo vaya alternando la visión de cerca y lejos. Sobre los cambios de color y brillo de la pantalla hay opiniones diversas en cuanto al efecto sobre la vista; en cualquier caso, se desaconseja el abuso y alternar los videojuegos con otras actividades.
  • No aprenden juegos nuevos (o como mucho conocen videojuegos nuevos, pero suelen “engancharse” al mismo juego). Entonces la imaginación vuele menos.
  • No aprenden sobre el medio a través del contacto directo, a través de experiencias reales, mucho más ricas que si son a través de las pantallas.
  • Los videojuegos pueden ser un recurso para entretenerse y aprender distintas habilidades y conceptos, siempre que se usen de una manera adecuada y sepamos escoger los juegos idóneos para su edad e intereses. Mantener a los hijos lejos de las pantallas no sólo resultará un tarea infructuosa en cuestión de tiempo, sino que puede ser contraproducente y limitaríamos un espacio cultural emergente en el que van a desenvolverse durante toda su vida, del mismo modo que lo hacemos ya nosotros. La clave para que los vídeojuegos no acaparen a nuestros hijos está en controlar el juego, el tiempo y la compañía.

Los que ya somos padres inevitablemente recordamos con gran cariño y anhelo los juguetes de nuestra infancia. Realmente, nuestros juguetes no eran nada especiales. De hecho, a los recuerdos mentales de quienes tienen hoy más de 40 años vienen el balón en el caso de los hombres, y las muñecas en el de las mujeres.

Cuando recordamos nuestros juguetes preferidos de nuestra época, los adultos proyectamos normalmente en ellos las cualidades positivas que les identificamos en ese momento desde nuestra perspectiva de personas mayores. De hecho, nos gusta hablar de juguetes que fomentaban el juego en grupo, el compañerismo, la imaginación, la destreza motriz, etc.

En opinión de numerosos adultos, el grado sofisticación y complejidad alcanzado actualmente por los juguetes anula en muchas ocasiones la posibilidad de los niños de relacionarse entre sí, a diferencia del juguete antiguo o tradicional.

Por ejemplo, los videojuegos de consola y ordenador pueden envolver al niño en un mundo imaginario y fantasía en el que él es el protagonista, pueden correr, saltar, trepar, etc; pero a veces suponen un freno al juego colectivo y creativo. Además, la cruda realidad es que el niño se cansa pronto ese tipo de juguete o juegos porque lo que quiere es que haya otras personas o niños que jueguen con él.

Tal es así, que a menudo el desafío que plantean muchos juguetes modernos tiene lugar con el niño frente al propio producto, el juguete se presenta de manera individualista y sin necesidad de nadie más. Es más, aunque son juguetes más complejos, requieren un menor esfuerzo intelectual por parte de los niños. Llegando al punto en muchas ocasiones de ser más adictivos, creando incluso estados de ansiedad.

El mal uso de la tecnología a producido juegos muy avanzados y la falta de control por parte de los adultos, hacen que el niño compita contra la computadora en una fantasía una realidad virtual. A menudo, algunos de estos juguetes modernos son más violentos y agresivos y que lamentablemente algunos padres ceden ante los caprichos de sus menores.¿Qué tipo de personas y personalidades se están formando ahora? Pues esas serán los tipos de individuos con los que tendremos que lidiar en el futuro y los que tendrán que tomar decisiones que fijaran las normas de convivencia social, familiar y amical.

Hay que tener en cuenta que los juguetes son los guardianes de la memoria de todos nosotros porque crean un vínculo sentimental entre la persona y su infancia vivida.

Muchos adultos guardan sus juguetes para recordar emotivos momentos de felicidad, pero sobre todo para recordar a personas y familiares significativos en sus vidas. Los juguetes constituyen un vínculo de continuidad vital: unen el pasado con el presente. A través de ellos recordamos los momentos de juego compartido y los momentos afectivos con amigos, compañeros y familiares.

Muchos mayores guardan cuidadosamente algunos juguetes de su más tierna infancia. De hecho, los juguetes que guardan son muy variados (soldaditos de plomo, muñecos y muñecas, juegos de mes, etc).

Así pues, los juguetes para los niños no tienen el valor volátil y efímero que muchas veces los padres suponemos. Para muchos, guardar los juguetes de la infancia significa guardar y preservar la memoria de la niñez.

Fuente: Internet

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