La tinta negra hecha del hollín que ha servido para la inscripción de documentos oficiales en la China imperial, hoy, ese mismo fluido es un nuevo aliado contra el cáncer.
Un estudio de la Sociedad Americana del Cáncer publicado en su revista ACS Omega revela que esta tinta puede ser empleada en tratamientos no invasivos eficaces contra células cancerosas que se propagan, o metastatizan, a los ganglios linfáticos.
Cuando las células cancerosas salen de un tumor, con frecuencia se dirigen a los ganglios linfáticos, que son parte del sistema inmunológico, expandiendo la enfermedad y dejando como principal opción de tratamiento a la cirugía.
Los investigadores analizaron el tinte y encontraron que se compone de nanopartículas y capas delgadas de carbono. Al ser calentada con un láser, su temperatura aumentó en 131 grados Fahrenheit (55° C), mucho más que los nanomateriales actuales. Empleada en la aplicación de terapia fototérmica, la tinta china mató las células cancerosas en un plato de laboratorio.
Los investigadores también señalaron que el fluido podría actuar como una sonda para localizar tumores y metástasis, ya que absorbe la luz del infrarrojo cercano, que pasa a través de la piel. “Por dilución simple, se obtuvo una dispersión de tinta tradicional china estable, que presenta un excelente efecto fototérmico debido a su alta absorción [de radiación] en la región del infrarrojo cercana (NIR, por sus siglas en inglés)”, señala el trabajo.
Además, como reveló la tinción y la imagen fotoacústica, la tinta podría transferirse a los ganglios linfáticos cercanos después de inyectada directamente en los tumores primarios, para así ganarle terreno a la eventual diseminación del cáncer. “Bajo la guía de la cartografía de modalidad dual, los ganglios linfáticos centinela metastásicos podrían ser eliminados posteriormente por irradiación NIR”, añade el documento.









