Mucho se escribe o se lee respecto de lo que es un bebé y qué es un niño, así como que es lo que necesitan de sus padres, del medio, de la escuela, etc. Sabemos que hacer para estimularlo, qué juguetes son los apropiados, qué tipo de literatura leerle y cuáles son las salidas y programas que más les divierten e incentivan. Pero muy poco sabemos acerca del mundo de los púberes y de los adolescentes, quienes son difíciles de entender o controlar por los padres y adultos que los rodean.
La pubertad es un periodo de la vida humana que comienza alrededor de los 11 años y se caracteriza, desde lo físico, por cambios en el cuerpo relacionados al desarrollo de caracteres sexuales: en las niñas el surgimiento de la menarca (la primera menstruación), el agrandamiento de las mamas, la aparición de vello púbico; en los niños, también el engrosamiento de la voz, la aparición del vello púbico, las erecciones del pene, entre otras cosas.
Son tales los cambios que experimentan que hasta para ellos mismos les es difícil lidiar, manejarlos, por eso es que muchas veces los vemos torpes, desalineados, brutos, y es que en su cabeza funciona un esquema corporal de un niño más pequeño, de ese niño que fue, y que ya no vuelve más.
La pubertad marca el fin de la niñez: la niña se transforma en mujer y ese niño en un hombre, el impacto emocional es muy fuerte tanto para los padres como para ellos mismos.
No se debe abordar a la adolescencia es una etapa compleja y difícil, tanto para los adolescentes como para los padres. Ambos se enfrentan a situaciones tensas o de desconcierto. De reorganización de las relaciones. Ambos viven entre sensaciones nuevas y de pérdida.
Es una etapa de grandes duelos para los padres, pues el niño que fue se va para no volver por decirlo así, mientras que para los púberes se habla de tres grandes duelos: el duelo por el cuerpo de la niñez, el duelo por la pérdida de la bisexualidad y el duelo por la pérdida de los padres de la niñez. Este último es un punto muy difícil dentro de la dinámica familiar, ya que esos padres tan amados, idealizados y venerados de la niñez ya no son tales y pasan a ser severamente criticados, también como una necesidad de separarse e individualizarse.
Los padres se convierten en un espejo para el adolescente de lo que por encima de todo no quisiera ser.
Sin embargo, el adolescente en transición sigue necesitando identificarse con su padre y su madre para cumplir varias de las tareas anteriormente descritas. Rechaza aspectos de él y de ella y acepta otros y así…
Empieza a reunirse y a buscar a sus pares los cuales empiezan a tener un lugar muy importante dentro de sus vidas con lenguajes y dialectos propios, así como formas de vestirse y lugares de diversión donde ya no está incluido el adulto.
Todo este proceso también trae acarreados cambios en la conducta y en el carácter: se acrecientan algunos aspectos, se reactivan traumas de la niñez, se vive en crisis. Por tal razón es que son tan numerosas las consultas a esta edad, por lo que hay que evaluar finamente cuándo estamos frente a una crisis adolescente normal y cuándo no es así y se trata de algo más.
¿Cómo vive las situaciones un adolescente?
El conjunto de conflictos y presiones es tan complejo que el adolescente tiende a vivirlo en “mundos separados”, es decir se dividen en:
- Momentos familiares: El adolescente sigue necesitando sentirse parte de la familia, compartir y comunicar con ella. Necesita decirle lo que siente, sus temores, dudas, rabias, pérdidas, dolores, frustraciones, etc.
- Con otros adultos: Desde la escolarización y la entrada en el mundo de la tecnología, la exploración, el esfuerzo, el ejercicio físico… han aparecido otros adultos significativos, poderosos, acogedores o dignos para identificarse con ellos. Son las maestras y maestros, tutores, entrenadores, adultos influyentes, familiares.
- Vivencias con amigos: El adolescente exhibe y defiende por encima de todo la importancia de sus vivencias con los otros adolescentes, con los amigos, camaradas, colegas,… Es el mundo “real”, el mejor de los mundos, que defenderá una y otra vez… sin creérselo del todo. Y luchará para que sus padres, tutores y cuidadores cedan su papel a favor de ese mundo de los adolescentes, y lo hará cuestionando los horarios, las actividades, a los mismos padres.
- La difícil intimidad: Para que no se note su desamparo y desorientación, el adolescente se refugia en su intimidad, en sus dolorosas soledades y apabullantes aburrimientos y cansancios. Cambia de forma de ser, ante la sorpresa de los padres, pero salvo casos de aislamiento extremo (que requieren ayuda profesional), son momentos necesarios para que pueda elaborar y digerir lo que le está pasando.
Fuente: Internet
Click aquí: «El papel y los retos de la mujer en la sociedad actual».
Click aquí para ver el vídeo: «Ser Adolescente UNICEF».








