¿Qué es la obesidad y cómo afecta nuestra salud?

La obesidad se define como un aumento de composición de grasa corporal. Este aumento se traduce en un incremento del peso y aunque no todo incremento del peso corporal es debido a un aumento del tejido adiposo, en la práctica médica el concepto de obesidad está relacionado con el peso corporal. La obesidad debe ser entendida como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, que suele iniciarse en la infancia y adolescencia, y que tiene su origen en una interacción genética y ambiental, siendo más importante la parte ambiental o conductual, que se establece por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético, de forma semejante a lo que es la diabetes mellitus o la hipertensión arterial.

El incremento del riesgo de mortalidad en relación a la obesidad está, en parte, asociado a las alteraciones que constituyen el denominado síndrome metabólico.

Los efectos económicos de la obesidad son muy importantes. El costo económico atribuido a la obesidad incluye el costo directo (atención a las enfermedades relacionadas con la obesidad) y el indirecto (por pérdida de productividad laboral).

La obesidad es la enfermedad metabólica más prevalente del mundo occidental y es fuente de una gran morbimortalidad y costos.

Según la OMS, en la actualidad 1200 millones de personas tienen problemas de sobrepeso/obesidad y, aproximadamente el mismo número de personas sufre desnutrición. De continuar este proceso de sobrecarga ponderal con la tendencia actual, en el año 2040 la totalidad de la población europea tendría sobrepeso.

¿Cuál es la relación entre la obesidad y el cáncer?

Los pacientes obesos tienen un mayor riesgo de padecer ciertas neoplasias, especialmente de tumores hormonodependientes. En mujeres obesas es más frecuente el cáncer de endometrio, el de mama y el de vesícula biliar. En los hombres el cáncer de próstata, y en ambos sexos el de colon y recto.

Causas de la obesidad

Hay muchas causas implicadas en la aparición del problema. Además de una mala alimentación o la falta de ejercicio físico, también existen factores genéticos y orgánicos que inducen su aparición.

También pueden influir los factores socioeconómicos. En algunos países desarrollados, la frecuencia de la obesidad es más del doble entre las mujeres de nivel socioeconómico bajo que entre las de nivel más alto.

El motivo por el cual los factores socioeconómicos tienen una influencia tan poderosa sobre el peso de las mujeres no se entiende por completo, pero se sabe que las medidas contra la obesidad aumentan con el incremento del nivel social.

Las mujeres que pertenecen a grupos de un nivel socioeconómico más alto tienen más tiempo y recursos para hacer dietas y ejercicios que les permiten adaptarse a estas exigencias sociales.

Y, por último, están los factores psicológicos, que durante un tiempo fueron considerados como una importante causa de la obesidad. Se consideran actualmente como una reacción a los fuertes prejuicios y la discriminación contra las personas obesas.

Uno de los tipos de trastorno emocional, la imagen negativa del cuerpo, es un problema grave para muchas mujeres jóvenes obesas. Ello conduce a una inseguridad extrema y malestar en ciertas situaciones sociales.
La obesidad en sí misma es un factor de riesgo para la salud de la población, que influye en el desarrollo y en la progresión de diversas enfermedades contribuyendo a reducir la esperanza de vida en los individuos obesos, que empeora su calidad de vida, que limita en gran medida su actividad y que provoca además problemas de autoestima, movilidad, relación social, laboral y sexual. Tres factores influyen directamente en este proceso: el grado de obesidad, el tiempo de evolución de la misma, y la edad de los individuos obesos.

Existe una relación directa entre el IMC y el riesgo de morbimortalidad de los obesos, que deriva de las patologías asociadas y llega a convertir la obesidad en una enfermedad en sí misma y de ahí el término “obesidad mórbida”.

¿Qué enfermedades están asociadas a la obesidad?

a. Alteraciones cardiovasculares.
Dislipemias: La hipertrigliceridemia y la hipercolesterolemia, especialmente a expensas de la fracción LDL son comunes en pacientes con obesidad mórbida. La causa de aparición de dislipemias en los pacientes con obesidad mórbida es mixta y debida a múltiples factores. En los pacientes no tratados las dislipemias favorecen los depósitos vasculares endoluminales de ateromas y la aparición de cardiopatía isquémica y de hipertensión arterial.
Cardiopatía isquémica: Se ve favorecida por la presencia crónica de hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia de larga evolución, así como la frecuente asociación de obesidad con la diabetes mellitus tipo 2 y el síndrome de hipercoagulabilidad de la sangre.

b. Hipertensión arterial.
c. Estasis venoso con hipercoagulabilidad.
d. Alteraciones endocrinas.
e. Diabetes tipo 2: Un 90% de los pacientes diabéticos son obesos. El índice de resolución completa de la DM2 tras cirugía bariátrica es alto y depende en parte de la técnica quirúrgica utilizada.
f. Hipotiroidismo subclínico.
g. Dismenorrea, alteración de la fertilidad y ovarios poliquísticos en mujeres.
h.Síndrome metabólico.
i. Alteraciones digestivas.
j. Esteatosis hepática, esteatohepatitis y cirrosis hepática.
k. Colelitiasis y colecistitis aguda.
l. Reflujo gastroesofágico.
m. Alteraciones de la calidad de vida.
n. Procesos degenerativos osteoarticulares por sobrecarga.
m. Gota, por hiperuricemia mantenida y depósitos de ácido urico
n. Incontinencia urinaria, por hiperpresión abdominal e hipotonía del suelo pélvico
o. Ulceras varicosas.
p. Alteraciones psicológicas, especialmente síndromes depresivos

Tipos de Obesidad

Obesidad central o androide localiza la grasa en el tronco y predispone a sufrir complicaciones metabólicas (especialmente la diabetes tipo 2 y las dislipemias).

Obesidad periférica acumula el depósito de grasa de cintura para abajo y produce problemas de sobrecarga en las articulaciones.

Obesidad mórbida es una de las enfermedades más características de nuestro tiempo, sobre todo por el número de complicaciones que tiene asociadas.

Para tratarla es necesario el empleo de cirugía, ya que las dietas no surten ningún tipo de efecto. Las técnicas para reducirla son de dos tipos: reseccionistas, encaminadas a inducir una mala absorción de los alimentos, o restrictivas.

Las cirugías restrictivas son menos agresivas, ya que no precisan resecar nada; basta con reducir el tamaño del estómago para que el paciente no pueda comer grandes cantidades.

La cirugía reseccionista es la única forma de que el enfermo pierda peso en muchos casos de obesidad mórbida.

Con las técnicas reductoras se producen menos efectos secundarios, pero no se pierde peso con la misma facilidad. Existen tres técnicas quirúrgicas principales para la obesidad mórbida: la gastroplastia vertical o técnica de Maxon, la gastroplastia con banda gástrica ajustable o el “by-pass” gástrico.

Por otro lado, la obesidad en los niños, entraña alteraciones endocrinometabólicas que condicionan un mayor riesgo cardiovascular en la edad adulta.

Estos factores se relacionan, fundamentalmente, con la edad de inicio de la obesidad y con el tiempo de evolución. Cuando la obesidad se presenta en edades muy tempranas o se extiende durante un tiempo prolongado, el riesgo de presentar problemas cardiovasculares en la edad adulta es también más elevado.

Los médicos aconsejan que, para prevenir la obesidad en los niños, es bueno que la dieta sea variada y elástica, reduciendo las grasas de la bollería, pastelería y la comida industrial, en general. También es fundamental que hagan ejercicio y que sean conscientes de que deben tener una alimentación sana.

Cómo prevenir la obesidad

Llevar una dieta sana y equilibrada, junto con la práctica regular de ejercicio físico son claves para la prevención de la obesidad.

Los expertos aconsejan realizar un mínimo de cinco ingestas de alimentos al día en raciones reducidas, así como seguir un patrón alimentario cercano a la dieta mediterránea, es decir, bajo en grasas y rico en frutas y verduras.

En cuanto al deporte, la constancia es fundamental. La recomendación es practicarlo de forma habitual al menos tres veces por semana durante 45 minutos. La intensidad debe adecuarse a las necesidades y al estado físico de la persona.

La obesidad en nuestro país

La obesidad es un problema de salud pública. El 58% de peruanos tiene sobrepeso, mientras que el 21% sufre de obesidad, según cifras a junio de 2016 del Instituto Integración. En cifras actualizadas, la obesidad y el sobrepeso afecta al 57.9% de peruanos mayores de 15 años, de acuerdo a la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).


Casi el 58% de peruanos mayores de 15 años tiene obesidad y sobrepeso.

La calidad de alimentos procesados en Perú, así como el consumo excesivo de estos pueden llevar a diagnósticos de obesidad.

Al respecto, el Ministerio de Salud (Minsa) promueve hábitos y estilos de vida saludables como una alimentación balanceada y la actividad física, que deben inculcarse desde temprana edad para evitar estas enfermedades en poblaciones vulnerables como niños y adolescentes.

“Un niño obeso tiene mayores probabilidades de seguir siéndolo en la edad adulta, además corre más riesgo de sufrir enfermedades crónicas, discapacidad y muerte prematura”, advierte Jorge Hancco, médico especialista del Equipo Técnico de la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de Daños No Transmisibles del Minsa.

Entre las principales recomendaciones por los especialistas para luchar contra la obesidad y el sobrepeso está incrementar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, además de limitar la ingesta de grasas, azúcares y sal.

Pero, la alimentación saludable no es la única clave para luchar contra la obesidad y el sobrepeso. La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 30 minutos diarios de actividad física: no solo realizar deportes a manera profesional o inscribirse y asistir a un gimnasio, sino también de actividades cotidianas como bailar, subir escaleras, correr, caminar, nadar y manejar bicicleta.

La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 30 minutos diarios de actividad física.

Además, los controles médicos periódicos para conocer peso, valores de presión arterial, glucemia (azúcar) y colesterol son importantes para obtener un diagnóstico precoz de enfermedades crónicas y poder seguir un tratamiento adecuado.

Fuente: Internet

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