La psicóloga Liliana Tuñoque comenta que los juguetes sin cables, pilas ni baterías favorecen el desarrollo de habilidades cognitivas en los niños.

Además de ayudar en el desarrollo de la creatividad e imaginación en los menores, juguetes como el balero o trompo fortalecen el vínculo entre padres e hijos.“El niño puede divertirse usando cosas simples, que le van a permitir al niño jugar, divertirse, pasarla bien sin necesidad de tener un objeto sofisticado”, comenta.

La especialista comenta que sus materiales, principalmente madera y tela, también permiten pulir destrezas psicomotrices finas, articulación y movilidad en los menores.

“Influye de manera positiva en el sistema psicomotor. Todo lo que es el tema de la coordinación, el movimiento ojo- mano, la adecuada articulación de las diferentes partes del cuerpo del niño para poder jugar”.

Otro aspecto positivo en el que beneficia un juguete tradicional es la socialización. “Juegos que son colectivos, grupales, ayudan a temas de socializar, poder relacionarse con otros niños, a ser más tolerante, a manejar la frustración, a saber interactuar con diferentes niños”, comenta.

Sin supervisión paterna adecuada, los juguetes tecnológicos podrían crear adicción en nuestros hijos. La falta de atención, dificultad para concentrarse y problemas de sueño son las principales señales de este serio problema.

“Son niños que tienen sus habilidades sociales muy limitadas, no saben hablar o interactuar con otros niños, sufren de timidez, más individualistas. Se vuelven más egocéntricos, más intolerantes a la frustración”.

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