Augusto Cáceres, decano de la facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte, nos dice que el salario emocional puede tener costo cero y generar alrededor de 100% de incremento en la satisfacción laboral.
Diversos estudios en diferentes países han demostrado que ante determinados niveles de remuneración económica, el dinero deja de ser lo más importante y cede su lugar a otros aspectos. La satisfacción laboral, el ambiente de trabajo, la flexibilidad de horarios, el teletrabajo, el tiempo para estar con la familia, la línea de carrera, la capacitación, el sentirse valorado y respetado son algunos ejemplos del salario emocional.
La encuestadora Gallup, así como destacados especialistas en gestión del talento humano, coinciden en que no menos de cinco de cada diez empleados renuncian a su trabajo debido a una inadecuada relación con sus jefes, antes que a otras causas.
Es necesario recordar, la famosa teoría de la motivación del psicólogo Abraham Maslow, quien en una pirámide clasifica las necesidades humanas en cinco categorías: fisiológicas, de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización.
En la investigación práctica del comportamiento organizacional se observa que los jefes no despliegan mucho esfuerzo por innovar y comunicar adecuadamente un plan de beneficios, se cree equivocadamente que todas las personas se motivan por igual.
Un exitoso plan de beneficios es aquel que logra reclutar al talento deseado y retener a los mejores colaboradores dentro de la organización durante el tiempo que les convenga a ambas partes. Para lograr ello, el complemento perfecto que logra sinergias integrales como nuestras dos manos izquierda y derecha, es la unión del salario económico con el salario emocional.









