Cómo enseñar los valores a los hijos

Los valores son necesarios para guiar su comportamiento y determinaran su forma de ser. Son principios que nos permiten realizarnos como mejor personas. Permiten diferencias entre el bien y el mal. Gracias a ellos educaremos a personas empáticas, coherentes y respetuosas. Son indispensables para relacionarse de manera adecuada.

¿Cómo podemos inculcar los valores a nuestros hijos?

Enseñándoles por ejemplo a pedir disculpas, si así es, el perdón, decir lo siento me he equivocado no debería ser tan difícil pero la verdad es que la gran mayoría de las veces nos resulta complicado admitir y reconocer un error.

Si a nosotros los adultos ya nos cuesta un mundo pedir disculpas imaginaros a nuestros hijos pequeños sumidos en su pensamiento egocéntrico. Les cuesta mucho más admitir que se han equivocado y no entienden por qué deben pedir perdón. Por eso es tan importante empezar a enseñárselo cuanto antes y sobre todo tener en mente que nosotros somos su principal ejemplo.

Este aprendizaje, el de reconocer los propios errores y la culpa, forma parte de la educación en valores, algo que se inculca tanto dentro de nuestra familia como fuera de ella, pero sobre todo en nuestra familia. Y precisamente porque es dentro de la familia donde se aprenden estos valores fundamentales es por lo que es responsabilidad nuestra, de los padres, enseñarles a nuestros hijos a pedir perdón cuando se han equivocado o han tenido un comportamiento inadecuado.


Es preciso que un niño sepa reconocer que comete errores, que algunas de las cosas que hace o dice lastiman a los demás, que tanto él como el resto de personas podemos equivocarnos.

Algunas pautas que se puede aplicar pueden ser:

  • Servirles ejemplo: pedirles perdón cuando nos hemos equivocado.
  • Ser perseverantes, no tirar la toalla: a pesar que no veamos ningún avance en su comportamiento por mucho que insistamos es preciso no rendirse y seguir insistiendo en la importancia de pedir perdón.
  • Enseñarles la conducta apropiada y a corregir sus errores.

Los niños que aprenden a pedir perdón son niños más maduros y preparados para tener mejores relaciones personales y el mejor modo, no cabe duda es empezar a enseñarles desde bien temprana edad. Los padres que sabemos disculparnos cuando cometemos un error, que solemos decir lo siento me he equivocado somos el mejor ejemplo para nuestros hijos, ya que observan en nuestro modo de proceder que tras un comportamiento inadecuado reconocemos nuestros errores y lo sentimos. De este modo les enseñamos la necesidad de perdonar y de hacerse perdonar.

Lo creamos o no, podemos educar a un niño en valores desde edades muy tempranas. Sus aptitudes son casi insospechadas y hemos de aprovechar esa gran sensibilidad en materia emocional. Te hablamos de ello.


“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Paulo Freire, educador y experto en temas de educación, de origen brasileño. Uno de los más influyentes teóricos de la educación del sigloeducador y experto en temas de educación, de origen brasileño. Uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo

Es muy probable que un niño de 3 años al que su padre y su madre han enseñado a decir gracias, por favor o buenos días, no comprenda muy bien aún el valor de la reciprocidad y del respeto que impregnan estas palabras. No obstante, todo ello crea un adecuado y maravilloso sustrato para que después las raíces fuertes y profundas.

Al fin y al cabo, la edad mágica comprendida entre los 2 y los 7 años, es la que Piaget denominaba como “estadio de inteligencia intuitiva”. Es aquí donde los pequeños, a pesar de estar supeditados al mundo del adulto, van a ir despertándose progresivamente al sentido del respeto, a intuir ese universo que va más allá de las propias necesidades para descubrir la empatía, el sentido de la justicia y por supuesto, la reciprocidad.

No obstante, tarde o temprano experimentará el auténtico efecto de tratar con respeto a un igual, y cómo esa acción revierte a su vez en él o en ella misma. Es algo excepcional, una conducta que le habrá de acompañar para siempre, porque tratar con respeto a los demás es también respetarse a uno mismo, es actuar de acuerdo a unos valores y un sentido de convivencia basado en un pilar social y emocional de peso: la reciprocidad.

Será sobre los 7 años cuando nuestros hijos descubran plenamente todos estos valores que conforman su inteligencia social. Es ese instante en que empiezan a dar más importancia a la amistad, a saber lo que implica esa responsabilidad afectiva, a entender y disfrutar de la colaboración, atendiendo necesidades ajenas e intereses diferentes a los propios.

Es sin duda una edad maravillosa donde todo adulto debe tener muy presente un aspecto esencial: debemos seguir siendo el mejor ejemplo para nuestros hijos. Ahora bien, la pregunta mágica es la siguiente… ¿De qué manera vamos inculcando en nuestros hijos desde edades tempranas esas normas de convivencia, de respeto y de cortesía?

Para crear una sociedad basada en el respeto mutuo, en la que el civismo y la consideración marquen la diferencia, es necesario invertir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces, no prestamos la importancia que merecen. Porque la convivencia se basa al fin y al cabo en la armonía, en esas interacciones de calidad basadas en la tolerancia donde todo niño debería iniciarse desde una edad temprana.

Fuente: Internet

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