El encendido de la antorcha olímpica se celebró en las ruinas de la antigua Olimpia, una ceremonia tradicional en la que se invoca al dios Apolo y se entrega la llama al primer portador, que comienza su recorrido por Grecia antes de marchar a Brasil.
Rodeada de una coreografía onírica, la actriz Katerina Lehú en su papel de Gran Sacerdotisa de Olimpia, rodeada de otras sacerdotisas y vírgenes vestales, encendió la llama utilizando un espejo parabólico que desvía y concentra los rayos del sol.
La llama olímpica solo se puede encender con rayos solares y, aunque existe un plan de contingencia, por suerte el día en Olimpia fue soleado y no hubo ningún problema para llevar a cabo la ceremonia.
Las sacerdotisas portaron el fuego y tres ramas de olivo hasta el antiguo estadio olímpico, donde llevaron a cabo una danza en representación de las antiguas disciplinas olímpicas, y la Gran Sacerdotisa entregó el fuego y una rama de olivo al primer portador de la antorcha, el laureado gimnasta Lefteris Petrunias.
Petrunias llevó la antorcha ante el monumento a Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, y después la entregó al siguiente portador, Giovane Gávio, antiguo jugador de voleibol y representante de Brasil, país anfitrión de los Juegos.
El fuego olímpico pasará por el campo de refugiados de Eleonas, en el oeste de Atenas, donde un refugiado sirio, cuyo nombre no ha sido revelado, hará uno de los relevos y portará la antorcha en nombre de todos los refugiados.
«Los Juegos Olímpicos pertenecen a todos los pueblos, a todos los continentes, a toda la humanidad» dijo Carlos Nuzman, presidente del comité de organización de Río 2016, orgulloso de recibir los primeros Juegos Olímpicos que se celebran en Sudámerica.









