¿Qué es y por qué es importante la estimulación temprana?

Se le denomina estimulación porque su finalidad es desarrollar al máximo las capacidades psíquicas, motrices, emocionales y sociales de los menores; y temprana porque se pretende aprovechar la capacidad de adaptación y la facilidad para el aprendizaje que caracterizan al cerebro de los bebés/niños de entre 0 y 6 años.

Y es que en este rango de edad se desarrollan y maduran habilidades cognitivas, emocionales y físicas que resultan fundamentales para el correcto funcionamiento biopsicosocial del menor, como son: el lenguaje, la memoria, la percepción, el sentido espacial, la motricidad, el razonamiento, en fin… podría decirse que a estas edades el Sistema Nervioso Central es como una esponja cuyo ritmo de desarrollo es comparable con un auto fórmula 1.

En esta etapa (especialmente entre los 0 y 4 años), se forman las principales conexiones neuronales, lo que convierte al cerebro en un mecanismo cognitivo moldeable que acomodará los nuevos aprendizajes con mucha mayor facilidad que cuando, a posteriori, los circuitos encargados del aprendizaje ya se han consolidado, modificándose con mayor lentitud a medida que se avanza en edad.

Actualmente los Programas de Estimulación Temprana son accesibles en precio, programas que son aplicados por profesionales tanto en niños/as con discapacidad como en menores con un cociente intelectual medio o alto.

Los niños nacen con un gran potencial y, para que ese potencial se desarrolle al máximo de la forma más adecuada y satisfactoria, nosotros, los adultos somos los encargados de aprovechar esa oportunidad en su proceso de maduración, aplicando la estimulación temprana.

¿Por qué es importante la estimulación temprana?

La importancia de la estimulación temprana es tal que se considera un requisito básico para el óptimo desarrollo del cerebro del bebé, ya que potencia sus funciones cerebrales en todos los aspectos (cognitivo, lingüístico, motor y social). Y es que, nuestro cerebro requiere información que le ayude a desarrollarse. Su crecimiento depende de la cantidad, tipo y calidad de estímulos que recibe; las capacidades no se adquieren sólo con el paso del tiempo. Estos estímulos deben ser dados al bebé diariamente, desde el momento de su nacimiento.

Si recibe estímulos pobres, de una forma irregular o en cantidad insuficiente, el cerebro no desarrolla adecuadamente sus capacidades al ritmo y con la calidad que cabría esperar. Por otro lado, una estimulación temprana, abundante, periódica y de buena calidad nos garantiza un ritmo adecuado en el proceso de adquisición de distintas funciones cerebrales.

La estimulación temprana de los niños es más eficaz porque su cerebro tiene mayor plasticidad; esto hace que se establezcan conexiones entre las neuronas con más facilidad, rapidez y eficacia.

Si existe una estimulación deficiente o es nula en el primer año de vida del bebé, puede tener consecuencias en el desarrollo óptimo de sus habilidades motoras, cognitivas, lingüísticas y sociales. No sólo se trata de reforzar, por ejemplo, aspectos intelectuales o lingüísticos, sino que la estimulación temprana también debe abarcar las demás áreas (motora, sensorial y social) del desarrollo del niño. Los objetivos fundamentales son que el niño/a comprenda y se exprese, controle sus movimientos (motricidad fina y gruesa), regule sus emociones, desarrolle o potencie su capacidad intelectual y se desenvuelva con una autonomía lo más cercana posible a su edad cronológica.

Los expertos afirman que la estimulación temprana conlleva cambios que se ven favorecidos por la intensa plasticidad neuronal ocurrida durante estas edades (0-6 años) y que su correcto aprovechamiento supone convertirse en un adulto con cualidades cognitivas que benefician la calidad de vida (ámbito académico, laboral, personal…), como dijo Albert Schweitzer: “aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

El cerebro de nuestros hijos puede procesar y adquirir toda una serie de conocimientos mediante la repetición sistemática de estímulos o ejercicios simples, comúnmente llamados unidades de información o bits. De este modo, lo que se hace es ayudar a reforzar las distintas áreas neuronales (relacionadas con el lenguaje, la motricidad, la inteligencia…).

El máximo desarrollo neuronal está comprendido entre el nacimiento y el tercer año de vida, para luego ir poco a poco desapareciendo hasta llegar a los seis años, momento en el que las interconexiones neuronales del cerebro ya están establecidas y los mecanismos de aprendizaje se asemejan a los de un adulto.

Todo esto lo podemos hacer aprendiendo a leer el comportamiento de los bebés, a respetar sus necesidades, a hacerle sentirse bien y cómodo, a proporcionarle una alimentación sana y equilibrada, a asegurarnos de que lleve una vida saludable y, sobre todo, a jugar con él.

En conclusión, la estimulación temprana en los bebés es importante ya que aprovecha la capacidad y plasticidad del cerebro en su beneficio para el desarrollo óptimo de las distinas áreas. Todo esto se logra proporcionando una serie de estímulos repetitivos (mediante actividades lúdicas), de manera que se potencien aquellas funciones cerebrales que a la larga resultan de mayor interés.

Fuente: Internet

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