Ni afamadas plumas como Dan Brown o Salman Rushdie han logrado hacerle sombra al robot escritor que firma uno de los proyectos estrella en la Feria del Libro de Fráncfort, bautizado como “Manifest”.
“Antes era un robot industrial que hacía un trabajo duro y se movía en un mundo competitivo, pero lo liberamos”, explica el alemán Jan Zappe, quien junto con sus compatriotas Martina Haitz y Matthias Gommel, conforma el grupo artístico “robotlab” que se encuentra detrás de este “autor mecanizado”. Sin necesidad de musas que lo inspiren, este robot escribe manifiestos de forma ininterrumpida.
Cada uno de ellos se compone de ocho enunciados generados de forma autónoma sobre la base de información interna de la que dispone en una especie de base de datos.
El arte, la filosofía o la tecnología son materias que integran su archivo privado. Tras elegir términos concretos, los asocia y construye oraciones. La combinación resultante produce manifiestos únicos, cada uno sellado con un número de serie.
“Concebimos el robot como una instalación artística, no nos centramos en el plano de la investigación. Este robot no responde a órdenes humanas, sino que es libre de elegir y compilar palabras”, aclara Gommel ante una audiencia que toma notas y escucha con atención.
Escribe con la tipografía clásica de las máquinas de escribir, pero a un ritmo mucho más pausado, terminada una página, empieza con férrea disciplina la siguiente. Sabe que tiene que aprovechar el tiempo, porque la vida útil de un autómata industrial convertido a artista no supera los tres años.









