Una buena autoestima es el motor que hará que nuestros hijos estén a gusto con ellos mismos y con los demás, sean capaces de tener y defender su propio criterio, confíen en que pueden lograr sus objetivos, establezca relaciones sanas, quieran aprender, se atrevan a transitar nuevos caminos…
Debemos reflexionar sobre cómo ayudar a nuestros hijos a ser conscientes de ese poder interior, esas fortalezas que todos tenemos.
Partimos de la base de que es importante desarrollar una autoestima adecuada, ni baja ni muy alta, sino una autoestima acorde a lo que somos.
Como ya hemos indicado, la autoestima se verá afectada por las expectativas que tengan los padres de sus hijos, por las consideraciones y las críticas que le hagan los adultos, porque la opinión que los adultos tengan del niño influenciará en la percepción que se vayan formando de sí mismos.
Puede suceder que a veces los niños puedan presentar síntomas o problemas de baja autoestima. Los padres no deben desesperarse, sólo deben prestar atención, desarrollar estrategias para que los superen y si no pueden y/o es difícil, que no se dude en consultar a un psicólogo.
Al contrario debes tomar en cuenta los siguientes aspectos para que luego ver de que formas puedes fomentar la autoestima en tu hijos.
- Acepta a tu hijo como es: Todos los seres humanos tienen virtudes y defectos, tu hijo también. En este sentido no pidas que sean perfectos. Para toda persona es importante ser aceptado como es. Esto brinda seguridad y fortaleza para cambiar lo que sí se puede cambiar de uno mismo.
- Ser como adulto un modelo positivo y cercano: Si se acepta también usted tal como es y no es tan exigente consigo mismo o si es pesimista o poco realista sobre sus capacidades y limitaciones, su hijo puede terminar siendo el reflejo de usted. Cuidar la propia valoración de sí mismo es el mejor modelo que tendrá su hijo para seguir.
- Dar amor incondicional: Este amor sin condiciones se produce con lo anteriormente dicho, aceptándole con sus fortalezas y debilidades. En este sentido es importante indicar que cuando te enfades con él por algo que ha hecho, enfádate con lo que hizo, con su comportamiento y no con él como persona, siempre tiene que ser claro que lo inaceptable es la conducta no él. No le digas “eres un niño malo” “así no te quiero”, sino “lo que has hecho es malo” “no me gusta eso que haces”. Podemos estar enfadados con el niño, pero eso no implica que en ese momento le dejamos de querer, es más, el mensaje debería ser, “porque te quiero y quiero que seas feliz, hay cosas que no puedo permitir que hagas”. Si queremos cambiar una conducta o una forma de pensar, los mensajes van hacia esa conducta o forma de pensar no hacia el niño.
- Demuestre ese amor: Es importante para estimular la autoestima de su hijo. Dígale todo lo que lo quiere y lo orgulloso que está de él. Elógielo con frecuencia pero de manera honesta, sin exageraciones ya que los niños perciben cuando se es sincero y se dice desde el corazón.
- Validar lo que siente: Cuantas veces, nos hemos sentido incomprendidos como adultos cuando alguien nos ve mal y nos dice “no te sientas así, ponte bien”, “no le des importancia, ya pasará”, “olvídate de eso”, como si fuera fácil, como si pudiéramos borrar el malestar con un chasquido de los dedos. Imagínate lo que eso puede repercutir en nuestros hijos. Para aprender a manejar las emociones y resolverlas, tenemos que aceptar que existen y están para algo. Hay situaciones que ponen triste y está bien sentirse triste, hay situaciones que enfada y está bien estar enfado, porque esas emociones bien gestionadas nos ayudarán y nos orientarán a superar el malestar. Valida las emociones de tu hijo, que no pasa nada por sentirlas, ayúdale a que reflexione contigo, por qué se siente así y que puede hacer para superarlas, ayúdale a tolerarlas, ya que a veces necesitamos tiempo (un duelo, una pérdida no se soluciona de un día para otro) así tu hijo no tendrá miedo de esas emociones. Al validarle lo que sientes, también le ayudamos a desarrollar la empatía, ya que nosotros en ese momento empatizamos con él: “comprendo que te haga sentir mal”.
- Evita etiquetar a tu hijo: Las etiquetas negativas se vuelven creencias limitadoras perdurables en el niño cuando se hace adulto. Estas etiquetas se pueden trasmitir de muchas maneras, seriamente, como broma o burla, desde el cariño, pero todas ellas producen malestar. Por ejemplo le puedo decir enfadado al romper algo: “¡¡¡¡¡eres un torpe!!!!!”. O decirle como broma reiterada “manos de mantequilla” o también: “deja cariño, lo hago yo porque tu rompes todo”. Sea como sea el tono del mensaje, al niño le quedará soy torpe, no sirvo y se impondrá como una creencia que le limitará e su vida. Los niños están aprendiendo, si de entrada les encasillamos, se quedarán allí, como el agresivo, el torpe, el inútil, etc.
Es muy importante que ellos aprendan a quererse y sentirse a gusto con ellos mismos porque ellos son la persona con las que va a pasar toda la vida.
Cómo fomentar la autoestima de nuestros hijos
1.- Reflexionar sobre nuestro nivel de autoestima: El primer paso es saber cómo nos vemos nosotros mismos y entender qué es una sana autoestima, pues tan peligroso es solo ver nuestras debilidades y sentirnos inferiores como pensar que somos superiores y no nos queda nada que aprender.
2.- Propiciar su autonomía, su toma de decisiones y la superación de retos: La autoestima y el autoconcepto se construyen cuando nos sentimos capaces, sentimos que aprendemos, que podemos hacer frente a retos… Un niño que no se siente autónomo, que depende de los demás, es muy difícil que se sienta capaz, poderoso y lleno de talento. No nos cansaremos de decir que la sobreprotección no ayuda en nada a nuestros hijos.
3.- Manifestar el amor y la aceptación incondicional: Que nuestro hijo se sienta querido y se sienta seguro en ese amor incondicional es fundamental para que se acepte y quiera como es. Por eso, es importante no dar por sobreentendido ese amor incondicional y manifestar de forma explícita que lo queremos como es, haga lo que haga, cometa los errores que cometa y que es digno de ser amado.
4.- Formular críticas constructivas y con el foco puesto en lo positivo: Si nuestro hijo actúa mal, podemos y debemos corregirlo sin comprometer su autoestima, sin tildarlo de malo, vago, antipático, egoísta… Como ya hemos dicho en otras ocasiones, los mensajes negativos se quedan grabados en el cerebro de nuestro hijo, que se ve determinado a cumplir el papel que le otorgamos. Así que, aunque queramos corregirlo, podremos transmitir confianza en que lo pueden hacer mejor, podemos subrayar sus fortalezas y talentos para conseguir lo que quieren.
5.- Transmitir confianza en que pueden conseguir lo que se proponen: La imagen que nuestros hijos tienen de sí mismos depende muy mucho de la imagen que nosotros, padres y madres, proyectemos de ellos. Si nosotros creemos que pueden conseguir algo, lo lograrán. Es el llamado efecto Pigmalión, que implica que nuestras expectativas determinan el comportamiento de nuestros hijos. Si decimos a nuestro hijo que se va a caer, probablemente sea verdad. Pero si le decimos que es muy capaz de conseguir lo que se ha propuesto, también será verdad. Por eso, es interesante trasmitir a tu hijo confianza en que podrá lograr lo que se proponga.
Evita usar las etiquetas que sobrevaloran y no se ajustan a la realidad tampoco son positivas: “eres el mejor del mundo” “nadie puede contigo”, etc.
6.- Elogiar a sus hijos: Esta consigna va en relación a lo anterior Concéntrate en las cosas positivas que hace tu hijo y remárcaselas, siempre sin sobrevalorar. Si le remarcas las cosas positivas, tú hijo tendrá la sensación de haber logrado algo y su autoestima se fortalecerá. Además sabrá por qué.
7.- No lo compares cuando hace algo mal: No usar frases como: “tu hermano es mejor” “tu primo saca mejores notas”. Es probable que se sienta avergonzado, no querido, envidie al otro. Esto es lo mismo para las comparaciones positivas: “Tú eres el mejor jugador”, coloca al niño e un nivel de exigencia permanente difícil de alcanzar.
8.- Escúchale y bríndale un espacio de intimidad para que pueda hablarte y tú puedas responder: Prestar atención no es escucharle mientras veo la televisión o estamos en otra cosa, es mirarle, comprenderle, validarle. También reconozcámosle cuando no sabemos algo. Debes tratar a tus hijos con respeto, pidiéndole que él te respete a ti. Hay que escucharle, pero no siempre cuando él quiera, hay momentos.
9.- Reconózcale su esfuerzo y tenga en cuenta cómo le transmite las cosas: Por ejemplo, si su hijo no ha jugado el partido de futbol y ha sido suplente diciéndole: «Bueno, la próxima vez trabajarás más y lo conseguirás», puede hacer que el niño lo entienda como “no trabajo lo suficiente”, “mi padre no está contento”, etc. En cambio se puede decir algo similar pero que tiene otro significado: «Bueno, esta vez no entraste en el equipo, pero estoy orgulloso del esfuerzo que haces, si sigues así puedes conseguirlo».
Ojo: Validar el esfuerzo y luego marcarles que para conseguirlo hay que persistir, aceptando los malos momentos y las frustraciones. En este sentido aliéntalo, ya que necesita tu apoyo. Dile que crees en él y que lo animas a seguir adelante. Hay que alentarle y apoyarle en el camino y no sólo valorar el logro alcanzado.
10.- Estimúlale para que tome sus propias decisiones y pueda resolver sus problemas: Aunque se equivoque, ya que para aprender a manejar las desilusiones y frustraciones, primero hay que vivirlas. Por ello, deja que cometa errores. Porque es algo que no puedes evitar y él tiene que aprender a superarlo.
11. – Ayúdale, con tu ejemplo, a reconocer la importancia de reconocer sus propios errores, recuerda que eres su modelo: Para alcanzar nuestros éxitos, tendremos en el camino tropiezos, tomaremos malas decisiones, pero si aprendemos a sobreponernos, podremos seguir avanzando. En este sentido, también permite los riesgos saludables, animándole a experimentar y explorar cosas nuevas, aunque se equivoque, si no lo hace no se puede tener éxito.
12.- Ve dejando que asuma responsabilidades acorde a su edad: No pidas más de lo que puede dar. Darle responsabilidades alcanzables les ayuda a crecer y madurar, se sienten capaces y sienten que confían en él.
13.- Fomenta la cooperación y la participación: Esto favorece la autoestima y la confianza en los demás, además de aprender a trabajar en equipo.
14.- Establece límites acorde a su edad: Los límites tienen que ser claros y concisos y se deben respetar, aunque hay que ser flexibles, el límite debe mantenerse, por ejemplo si decimos que a una determinada hora se acuesta, hacerlo un día sí y otro no, no es lo adecuado.
15.- Fomente los intereses y habilidades de sus hijos: No exijamos a nuestros hijos que les guste lo mismo que a nosotros o que se sumen a nuestros intereses, enséñale a saber que les gusta y a que lo desarrollen.
Por último, destacaremos un punto importante que engloba muchas características anteriores, crea un ambiente de seguridad y amor para que se desarrolle, donde no se tolere la violencia y se fomenten los buenos tratos, el respeto y la empatía.
Educar es una tarea difícil y larga, por ello, revisemos nuestra propia autoestima e incorporemos estas indicaciones a nuestras vidas.
Y si ves que te cuesta y que ves que tu hijo necesita ayuda, no dudes en recurrir a un profesional, con un poco de ayuda, los niños pueden desarrollar una vida plena.
Fuente: Internet
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