Mientras se acomoda la mascarilla quirúrgica negra, Carmen Rosa Silva Correa confiesa que vale la pena pasar todos los días más de 12 horas en el laboratorio para ayudar con un granito de arena a encontrar la cura de enfermedades o mejorar la vida de las personas que las padecen.
A sus 34 años de edad, Carmen Silva lleva 10 años dedicados a la investigación. Su campo de estudio son las plantas medicinales y espera encontrar en sus componentes el tratamiento para diversos males. Como por ejemplo la leishmaniasis o también conocida como la uta, enfermedad que se contagia por la picadura del mosquillo flebótomo, que no solo deja grandes cicatrices en el cuerpo, sino también en el alma.
La uta es una enfermedad tan antigua como la miseria en los bolsillos de las familias de las zonas altoandinas de la región La Libertad, donde muchas de ellas comparten el reducido espacio del hogar con vacas, cerdos, cabras, gallinas, patos, pavos y otros animales domésticos. El escenario perfecto para los brotes de leishmaniasis.
Pájaro bobo es el nombre que la población le ha dado a una planta noble que crece en las riberas de los ríos en la costa de La Libertad. Silva y su equipo están analizando esta especie para hallar el componente que permita tratar y curar la uta. Ella ha detectado que realmente tiene propiedades antibacterianas como decía la población.
El conocimiento sobre las propiedades medicinales que la población asegura de una determinada planta es el primer insumo de Silva y su equipo para iniciar una investigación. Se toman muestras y son llevadas al laboratorio para analizar los diferentes componentes sanadores.

Heridas y quemaduras
Otro proyecto al que le ha dedicado largas horas es al análisis de tubérculos y raíces para encontrar una solución para heridas y quemaduras.
La combinación de papa, camote morado, olluco, oca y mashua, han dado buenos resultados en heridas y hasta en quemaduras de segundo grado. Los tiempos son los que varían de acuerdo a la gravedad de la lesión.
Este proyecto empezó en el 2018 con financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec), y aunque la pandemia retardó el proceso, los resultados son más que prometedores, porque no solo se busca sanar, sino evitar la piel queloide, es decir, la molesta cicatriz.
Los resultados fueron presentados ante el Concytec en octubre del 2021, y ahora se encuentran terminando los trámites administrativos para cerrar el proyecto. El objetivo ahora es elaborar en masa algunas de las soluciones presentadas como parte del proyecto para poder ofrecerlo a la población que sufren estas lesiones.
“Sería genial”, dice Carmen con una sonrisa que agranda sus mejillas debajo de la mascarilla quirúrgica.
Sacrificio
Cada cierto tiempo, Carmen Rosa escucha reproches de su entorno más cercano por perderse cumpleaños, cenas, almuerzos o fechas familiares importantes.
“Te la pasas más tiempo en el laboratorio que con nosotros”, la señalan medio en serio, medio en broma.
“A veces también soy un ratón de este laboratorio. Ni siquiera tiempo para el amor hay”, replica ella riendo.
Cuando sacaba las más altas notas en los cursos de biología y química en el colegio, Carmen Rosa ya pensaba en estudiar una carrera universitaria que le permitiera estudiar a más profundidad estas materias, pero no sabía qué.
Dejó su natal Chepén, una provincia calurosa al norte de la Libertad, en límite con la región Lambayeque, para postular junto a los premios de excelencia a la carrera de medicina en la Universidad Nacional de Trujillo. Pero la vida le tenía preparado un mejor destino. Tras el tropiezo repensó mejor su futuro e ingresó a la carrera de Farmacia y Bioquímica.
Terminó en el quinto superior y tras titularse en el 2011, un profesor amigo suyo la persuadió para que inicie sus labores en la enseñanza universitaria y la investigación. Aún con algunas dudas decidió tomar la plaza que en ese momento estaba vacante.
Durante nueve años estuvo trabajando como profesora contratada e investigadora en la Universidad Nacional de Trujillo, hasta que se hizo justicia y llegó el momento de su nombramiento, un paso que ya no necesitaba más ensayos de laboratorio.
Su capacitación es constante. Tiene una maestría en Ciencias Químicas en la Universidad Nacional de Trujillo; además, cursa una maestría en Inmunología en la Universidad Cayetano Heredia, y otra en Microbiología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Registra un título de segunda especialidad en Toxicología y Química Forense. También estudia un doctorado en Ciencias Biomédicas en la Universidad Nacional de Trujillo y es investigadora certificada de Concytec.
Cáncer de mama
Como parte de su tesis de doctorado, Carmen Rosa espera encontrar en las plantas medicinales la fórmula para poder reducir o retardar el crecimiento de tumores cancerígenos en la mama, de tal manera que las pacientes tengan más tiempo para empezar la quimioterapia.
Esta investigación ya se encuentra en la fase experimental. Los primeros especímenes yan sido inoculadas con el reactivo de cáncer de mama y han presentado las primeras tumoraciones después de 3 y 4 meses.
A ellas se les ha dado diversas dosis de extractos de plantas medicinales y se está evaluando el proceso. Hay otro grupo que no se les dará ninguna dosis para realizar el control respectivo del avance de la enfermedad.
“El objetivo es determinar si los tratamientos antioxidantes disminuyen o retrasan el crecimiento del tumor, porque encontrar la cura es un proceso más difícil y más largo”, afirma.
La Liga Contra el Cáncer informó en octubre del 2021 que cada día fallecen 5 mujeres a consecuencia del cáncer de mama. Si esta investigación tiene éxito y se autoriza luego en humanos, ellas podrán tener una posibilidad más de vivir.
Silva también está persuadiendo a sus estudiantes de maestrías para que sigan esa línea, porque siempre se puede encontrar nuevo conocimiento para ayudar a la comunidad. Ese es siempre es el objetivo.
Además, tiene pensado en analizar una serie de plantas medicinales que ayuden a combatir el cáncer de próstata, pero será más adelante, con un nuevo financiamiento de Concytec o con fondos de canon minero de la Universidad Nacional de Trujillo. La investigación es larga, cara y los recursos son limitados.
Otro campo de investigación también está en el veneno de algunas especies animales. Ha empezado con la abeja, pero no descarta a las arañas, alacranes y serpientes. El veneno de este último fue el motivo para el tratamiento de la hipertensión.

Mujer e investigadora
Carmen espera seguir adquiriendo más conocimientos en la investigación, por eso tiene planeado salir a hacer pasantías al extranjero. México o España son sus destinos más próximos. Su meta para este año es escribir 10 artículos científicos con su equipo y sabe que lo puede lograr, ahora que la mujer se ha ganado el mismo espacio en el mundo académico.
“A nivel de la academia siento que la mujer ya cuenta con un lugar ganado, pero sobre todo el respeto de los demás. El 50 % del equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Trujillo son mujeres, y en mi equipo formado por diversos profesionales la mitad también son mujeres, lo cual es muy importante”, asegura Silva.
Sin embargo, considera que en el resto de la sociedad el papel de las mujeres aún no está resuelto, por eso espera también contribuir con eso más adelante con sus proyectos. “Es momento de sacarlos del laboratorio y llevarlos a la comunidad”.
Lo primero es enseñarles a las familias de las zonas más humildes a trabajar con las plantas, la forma de almacenarlas y cómo ingerirlas, para poder curar sus males. “Un sacrificio que vale la pena”, asegura orgullosa.









