Tomás Unger: “En el Perú, lo más importante debe ser la educación”

En entrevista para los medios, el reconocido divulgador científico considera, además, que es más posible encontrar pronto medicamentos para el coronavirus que una vacuna eficaz. Señala que es probable que hayamos perdido algunas inmunidades y que, por ello, estemos más expuestos a ciertos virus. En otro pasaje, sostiene que esta humanidad no va a durar mucho al paso que va. Y elogia a Elon Musk, pero en lugar de ir a Marte preferiría ir al fondo marino.

Tomás Unger, uno de los más insignes divulgadores científicos del Perú, alcanzó hace dos meses los 90 años. Los recibió en Lima, en plena cuarentena. No fue el cumpleaños anhelado, él quería entrar a la base nueve en compañía de sus tres hijos y siete nietos, pero asumió la situación con buen ánimo, sin tribulaciones. Sabe que aún hay mucho más por estudiar sobre la naturaleza, por eso nada que provenga de ella lo desconcierta. Su sabiduría, tan aguda como su sentido del humor, es parte de su fortaleza.

Sería impreciso decir que el no tener vida social física ahora le es indiferente. Hasta algunos meses tomaba su clásico vaso de whisky mientras jugaba al bridge con los amigos que lo visitaban. Hace cuatro años, por prescripción médica, permanece en casa, la que compartió con sus hijos y con su añorada esposa Leonor durante 53 años. “Fue maravilloso, pero todo pasó demasiado rápido”, confiesa, mientras contempla los retratos de familia. Rostros sonrientes, naturalmente cómodos entre cientos de libros.

No pretende escapar del dolor de la ausencia, pero es innegable que los días de Unger cobran sentido cuando a su mente llegan teorías científicas que descifrar, leyes físicas que repasar o una metodología para explicar sus conocimientos como lo viene haciendo cada semana, desde hace 39 años, a través de su columna periodística en un medio local.

Nació en Polonia en 1930. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, sus padres y él ya vivían en Perú. “Mi madre, que era una genio, dijo: llevemos todo, que acá las cosas no van bien. Y nunca más volvimos a Polonia”, recuerda. Desde entonces, el pequeño Tomás, que aprendió la misa en latín, acuñó la sensibilidad y curiosidad de quien siente que el mundo en el que le tocó vivir no era fácil.

Estamos en el 2020 y, si bien los asuntos que se pueden abordar con él son diversos, la primera pregunta que se desliza natural en la conversación es sobre la pandemia que ha generado el nuevo coronavirus, tema sobre el que solo ha escrito un artículo. Muestra de humildad y responsabilidad en estos tiempos de fake news. Aquí la entrevista exclusiva que concedió a la agencia Andina:

Esperábamos más comentarios de su parte sobre la pandemia, don Tomás
Lo imagino, pero yo solo hablo de lo que entiendo, no de lo que no entiendo. Menos de lo que aún se conoce poco. Solo puedo decir que no veo una vacuna tan pronto. El último virus maldito aún presente es el VIH, que provoca el sida, pero es más sencillo porque es un retrovirus, y aún no hay vacuna. Para el coronavirus es más probable encontrar medicamentos, pero, aun así, controlar el covid-19 es más difícil que controlar el sida, cuyo virus se mete dentro de los linfocitos T y anula todas las defensas. El covid-19 sí es una enfermedad. Pero no puedo decir más, para eso están los biólogos, los médicos.

Prefiere hablar sobre la evolución…
Sí, de la evolución sí me gusta hablar. La he estudiado mucho, por eso creo que es muy probable que hayamos perdido algunas inmunidades y estemos más expuestos a ciertos virus. Una muestra de ello es, por ejemplo, que los vascos tienen más RH negativo en la sangre. Quizá hace miles de años se expusieron a un virus o una enfermedad que debe haber matado a muchos vascos y solo quedaron los que tenían RH negativo. En África, hace muchos años prevalece la selección natural, la supervivencia de los más aptos. La evolución es aleatoria.

¿Y qué pasa con las leyes de la física?
Son las únicas que se cumplen siempre, pero esas las inventó Dios y él ya se ha jubilado.

¿Todo está en manos del ser humano, entonces?
La historia del genio humano tiene dos versiones que son muy distintas. Por ejemplo, si Newton no hubiese existido, tarde o temprano alguien llegaba a formular la ley de la gravedad, las leyes de la mecánica, todo lo que él hizo. Pero si Beethoven o Bach no hubiesen nacido, en diez millones de años nadie hubiera compuesto la música de ellos. Otra música sí, pero no esa. Porque fue creación pura. Las leyes de la física las inventó Dios y luego fueron descubiertas; a partir de ello hubo inventos. Pero te repito, Dios ya se ha jubilado.

¿Cree en Dios? ¿Es un hombre de fe?
Creo que Cristo fue un hombre genial, el fundador del partido socialista. Jesús fue la voz de los pobres, no lo que es el Vaticano, con su banco, sus bienes raíces. Ojalá el Papa Francisco pueda con la mafia del Vaticano y logre enderezarlo.
He estudiado diez años en un colegio católico, el Champagnat, y, de lo que he leído, Cristo nunca habla de guerra, de muerte, de castigo corporal. Salvo en un caso cuando dice: “atarles una piedra de molino al cuello y tirarlos al mar”, refiriéndose a los pedófilos ¡No digo más! (Llama a Lourdes, su inseparable asistenta, quien le saca de apuros con admirable paciencia y logra cambiar de tema).

Hablemos entonces de los grandes descubrimientos científicos, ¿se han estancado?
La semilla de los últimos grandes descubrimientos se dio con la Segunda Guerra Mundial, que creó necesidades. Permitió inventos como el radar y la primera computadora. Luego, en 1947, se crea el transistor, que ha hecho posible tantos inventos más. También la energía nuclear es de esas épocas.

Pero ahora las armas nucleares nos tienen en vilo, ¿son la peor amenaza para la humanidad?
No, lo más complicado ahora es la presión demográfica. Cuando yo nací, éramos alrededor de dos mil millones, ¡ahora somos más de siete mil millones! Y eso ha pasado solo a lo largo de mi vida. ¿Te imaginas cómo será a este ritmo el 2100? Hay millones de personas que quieren ir a donde creen que se vive mejor. El abismo económico y cultural es increíble y los ricos se vuelven cada vez más ricos porque el sistema es así.

El problema es el sistema, entonces…
Estuvo pensado para otra escala. Cuando éramos 400 milllones, 500 millones hacíamos barbaridad y media, pero no importaba tanto. Ahora hay mucho desequilibrio, mucho crecimiento. Si los siete mil millones vivimos como vive el 10% de ricos, se acaba todo. Esta humanidad no va a durar mucho al paso que va, ¡no puede! ¡no da!

¿Y la tecnología nos puede ayudar?
La tecnología bien usada puede ayudar a la humanidad. Es igual que las sustancias químicas, no son malas, sino el uso que le da la gente. El cianuro sirve para envenenar, pero también para procesos químicos. Salvo las armas, que sí solo sirven para matar, y el 70% de ellas se producen en Estados Unidos.

¿Le hubiese gustado ser científico o inventor?
Yo soy curioso, a mí lo que más me gusta es dibujar. Soy arquitecto, me gusta imaginar a través de los dibujos. Lo de divulgar ciencia vino por coincidencia, porque hablo varios idiomas. Mis padres hablaban polaco y alemán. Entonces, desde que nací oí los dos idiomas. Cuando viene a Perú, aprendí español y luego inglés para ir a estudiar a los Estados Unidos. Mi madre me enseñó también italiano y francés.

Eso hizo que en muchas ocasiones hiciera de traductor simultáneo en conferencias científicas porque conocía la terminología. Luego, en 1956 empecé a escribir de autos en La Prensa. Después vinieron las “Crónicas hepáticas” en el diario Correo. De allí, Alejandro Miró Quesada me llamó para hacer una página de autos para El Comercio. Cuando muere Racso (Óscar Miró Quesada de la Guerra) en 1981, empiezo a escribir la columna sobre ciencia. Y así, llevo 39 años siendo un vulgar divulgador.

¿El mejor, el más riguroso?
Soy el mejor y el peor, porque soy el único tanto tiempo (risas).

Y humilde…
Bueno, eso me recuerda a una conversación que tuve con un embajador de Brasil, cuando le dije que yo era el (Isaac) Asimov de los pobres y él me respondió: “Asimov es el Unger de los ricos”. Me causó mucha gracia. Es que el curso de física de Asimov es el mejor, el mejor de todas las universidades. Era un genio explicando.

¿Su favorito, como Umberto Eco?
Umberto Eco era mi amigo espiritual. Tengo todos sus libros. Me hubiera encantado conocerlo. Ya no iba a Italia, sino le hubiese escrito para sacarle una cita. Era muy simpático, con buen sentido del humor. Yo no le hubiera hecho una entrevista, no le gustaba mucho, solo hablar con él si tenía tiempo.

Él decía que los científicos no deberían ser mediáticos ¿usted qué opina?
Un científico debe dedicarse a hacer lo suyo, que es investigar, producir conocimiento. Es verdad que se debe difundir lo que la ciencia hace, pero solo la divulgación necesaria. Porque la ciencia no es un dogma, no acepta dogmas, si no, no progresa. No se dice: ¡Esto es así porque yo lo digo! Mucho de lo que se dice son solo hipótesis.

Y usted, ¿tiene alguna hipótesis que le gustaría que la ciencia investigue?
Algo que la ciencia investiga todo el tiempo, pero lamentablemente no va a encontrar: buscar vida extraterrestre. Estoy absolutamente seguro que existe, incluso la que podíamos llamar vida inteligente, pero las probabilidades de encontrarlas son casi nulas, llevaría millones de años. Una pena, ¿no?

Nos contentaremos con ir de paseo a Marte
Pero ir a Marte, si bien es un desafío tecnológico y humano, después de todo lo que se ha averiguado ya, no tiene mucho interés científico. Van a pasar años yendo y viniendo nada más. Creo que no hay más sorpresas allá.
Elon Musk tiene muchos méritos. Es un joven muy inteligente y buen ingeniero. Es un rico que usa bien su plata, quiere mejorar el mundo. Aunque Dios está jubilado, pero que le ayude (risas).

Si Musk le invita a Marte ¿no iría?
Puedo mirar a Marte mejor desde la estación espacial. Me gustaría más ir al fondo marino, debe haber cosas interesantes allí.

Y la ciencia peruana, ¿qué debería investigar?
En el Perú, lo más importante debe ser la educación, para tener mejores políticos. Pensar que en una época tuvimos congresistas como Mario Polar, Bobby Ramírez del Villar, ¡¿Qué ha pasado?! Bueno, lo que ha pasado tenía que pasar en un país oligárquico, manejado por pocas familias y que ahora está en el camino a una democracia. “Demos” es pueblo y nuestro pueblo es lo que es porque no lo hemos educado. No hay ciencia que pueda con la ignorancia.

Le preocupa la educación, es evidente. Ha escrito sobre ello hace poco…
Sí, me encantaría conducir un programa televisivo como “Aprendo en casa” para enseñar a los chicos. Enseñar cálculo porque el concepto no necesita álgebra. La educación es muy conservadora en todo el mundo. Los chicos manejan computadoras, pero no saben escribir. Están con las computadoras porque el colegio les aburre.

Ojalá lo llamen para colaborar con esos programas de televisión
Ojalá. Pero no tengo celular, que me llamen al teléfono de casa. Ha costado mucho instalar esa red, hay que usarla.

Tampoco tiene redes sociales
¿Para qué? Suficiente con la Wikipedia. Allí se enteran quien soy. Y mis amigos, ya vendrán a visitarme para jugar al bridge los sábados. Mientras tanto, veo películas en Netflix, escucho música barroca y los audiolibros que me envía mi hija. También me entretengo un poco con Oliver y Mushka (su pareja de perros).

¿Extraña a sus amigos?
Sí, pero más extraño a mis hijos, todos están en otros países. Iban a venir en mayo, pero por la pandemia fue imposible.
Su información en la Wikipedia es muy breve para todo lo que ha hecho, ¿qué más le gustaría que se diga sobre usted?
Que tengo una bonita familia y grandes amigos. Y que acabo de tener mi primer bisnieto, que se llama como yo, Tomás.

¿Y que se casó con el amor de su vida?
Yo sí. No sé si ella, porque era muy distraída (risas, suspiros).

Hoja de vida
Nació el 8 de junio de 1930 en Cracovia, Polonia. A los 7 años vino a vivir al Perú con sus padres. Estudió en el colegio Champagnat y posteriormente en la Universidad de Portland, en Oregon. Es egresado de la última promoción de la Escuela de Ingenieros del Perú, que hoy es la UNI.

Habla seis idiomas y es autor de diversos libros sobre ciencia y automovilismo. Desde 1956 incursionó en el periodismo. Actualmente escribe sobre ciencia en el diario El Comercio. En el 2018 fue reconocido por el Concytec por su destacada trayectoria como divulgador científico.

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