Concierto de música clásica moderna en Trujillo

Un gran sector de la población piensa que la música clásica es un conjunto de sonidos y letras que entretienen a personas de edad avanzada y con dinero. Si pertenece a este grupo, le diremos que está equivocado porque la llamada «música culta» puede despertar los más bellos y profundos sentimientos que guardamos en nuestro ser.

Tiene un poder que va más allá de las palabras., es el placer de compartir. Genera conexiones entre las personas a medida que los sonidos y los ritmos rodean a estos en un mundo de sensaciones y sentimientos. Ella ofrece una placentera y provechosa experiencia de aprendizaje y alimenta la imaginación y la creatividad.

Lo que es mejor la podemos encontrar en todas partes: en un aplauso con las manos, en el balbuceo de un bebé, en el sonido del viento moviéndose entre los árboles, en las gotas de lluvia cayendo sobre el tejado y más que todo en las canciones que su familia atesora y no se necesitan lecciones especiales ni equipos sofisticados para disfrutar de la música.

Por tal razón y para continuar cultivando este género en nuestra ciudad, el Centro de Promoción Cultural Trujillo (CEPROCUT) y la Municipalidad Provincial de Trujillo han organizado un CONCIERTO DE MÚSICA CLÁSICA MODERNA a cargo de la ORQUESTA SINFÓNICA DE TRUJILLO, el mismo que se llevará a cabo el próximo viernes 17 de agosto a la 7:30 pm en el Teatro Municipal.

El repertorio para esta ocasión especial será moderno, ágil y elegante, estará compuesto con las obras: “Obertura Festiva” de Dimitri Shostakovich; Danzas del ballet «Estancia» de Alberto Ginastera; “Los trabajadores agrícolas”; “Danza del trigo”; “Los peones de hacienda”; “Danza final” (Malambo), Danzas Sinfónicas de «West Side Story» de Leonard Bernstein; “Danzón No 2” de Arturo Márquez. Temas que serán interpretados por la Sinfónica de Trujillo bajo la dirección de Carlos Ramírez Núñez (Lima), y la participación de jóvenes músicos trujillanos, los cuales reforzarán el repertorio del espectáculo.

Carlos Ramírez es uno de los directores más jóvenes de la Orquesta Sinfónica del Perú, egresado del Conservatorio Nacional de Música del Perú. Ha llegado a participar en innumerables conciertos y recitales organizados por el Conservatorio: El Festival de Música Yamaha, El Festival Internacional de Música Clásica Contemporánea de Lima organizado por el Centro Cultural España, La Temporada de Zarzuela y Ópera con la Asociación de Artes Musicales Romanza, la Orquesta de Cámara Ciudad de los Reyes. Asimismo ha integrado la Orquesta Sinfónica de los Países Andinos y desde el año 2005 se encuentra participando en cursos de dirección orquestal, incluso llegó a ocupar el primer puesto en el concurso jóvenes solistas.

Actualmente es Instructor de Percusión de la Red Nacional de Orquestas Sinfónicas y Coros Infantiles y Juveniles de Lima, también se desempeña como docente del Instituto Orson Welles y la Universidad San Ignacio de Loyola USIL. Cabe resaltar que su participación es gracias al apoyo desinteresado de Segurindutria, Hotel El Recreo y al Ministerio de Cultura, quienes motivados por su responsabilidad social buscan siempre apoyar la labor artística cultural.

“Será un concierto extraordinario que marcará una nueva temporada en la Orquesta Sinfónica de Trujillo, agrupación que está conformada por talentosos músicos. El espectáculo permitirá al público, especialmente a los jóvenes conocer que la música clásica es dinámica y entretenida, puesto que será un concierto inusual, música clásica con elementos modernos sin dejar de perder esa melodía delicada, alegre, brillante y plástica que reflejan su perfección” aseguró la Presidenta de CEPROCUT, Maruja Alemán.

Si aún está sentado y no adquirido sus entradas, y desea disfrutar de un espectáculo de calidad y elegancia, puede pedir informe en Fernando de Montesinos Nº 220- urb. El Sol / o llamar al Telf.: 299751.

Comentarios

1 Comentario

  1. En mi opinión, flaco favor se le hace a la música clásica -y en un medio tan reluctante a ella- con estos conciertos tan mal preparados. Asistí a la función (medio iluso que soy, todavía), pero me retiré antes de la suite de Ginastera. Primero, un Shostakovich canijo, sin claridad textural, con notables pifias de la trompa y falsas entradas de cuerdas y maderas, y todo eso servido en un casi permanente e irritante mezzoforte. Luego, una selección de danzas de «West Side Story» de Bernstein que acabó con mi buena voluntad: las numerosas desafinaciones de la orquesta se sumaban de mala manera a las disonancias de la partitura, con un resultado tan «concreto» como el concierto de bocinazos de cualquier calle céntrica a mediodía. Además, las secciones de la orquesta carecían de empaste: la percusión no pegaba con los abruptos motivos de los vientos, y las cuerdas… ah, las cuerdas…

    (Por cierto, acudí con mi esposa, de oído más modesto que el de este modesto escuchador, y también ella notó el descalabro.)

    Lo dicho: esto no es una puerta al sonido sinfónico, sino un espantapájaros. Un programa ligerito, de lucimiento orquestal; sabía lo que podía esperar, pero la realidad fue horripilante. Y del público, ni hablar: una serie de despistados y malcriados que sostenían sus cámaras de bolsillo y celulares en alto (¿para grabar esta porquería, o porque tienen complejo de japoneses turistas, con todos los respetos para los japoneses turistas, que no cometerían esta atrocidad en una sala de conciertos?), ruido de envolturas de caramelos, conversaciones a media voz que no terminaban nunca, niños de cinco años o menos que gruñían, la emprendían a golpes con sus señoras madres o las butacas… En fin. Gente para quienes la música está en último lugar.

    Sufrí en silencio la mitad del programa; mi esposa lucía una expresión de desconcierto (literalmente). De no haberme sentido tan deprimido, habría abucheado. Pero, por lo menos, no aplaudí. ¿Mejoraría la función en la segunda parte? Lo dudo mucho: una pieza tan rápida y masiva como «Malambo» de Ginastera está a kilómetros de las capacidades de la orquestita que teníamos delante. Así que de «espectáculo de calidad y elegancia», ni el eco.

    Damas y caballeros de la Sinfónica, ya es tiempo de que reconsideren su papel en la medio muerta cultura (¿civilización?) trujillense. Prepárense unos tres años para un concierto bien tocado, con música cuyas exigencias encajen con las posibilidades del exiguo conjunto instrumental, o absténganse de colaborar con la cacofonía nuestra de cada día.

    (Para los que no han entendido: hago esta crítica porque AMO la música clásica y me duele constatar el PÉSIMO nivel de la orquesta sinfónica de mi ciudad. Ojalá me alcance la vida para asistir a un concierto local como los dioses mandan…)

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