Los padres de familia deben saber que no basta con poner a los hijos en un buen colegio o universidad, que sólo les va a dar ciencia y tecnología. No olviden: ciencia sin conciencia, sin honestidad, tan solo conduce al mal. Con ellas solo se consigue producir dinero para comer y vivir, no para vivir bien, como Dios manda, como ciudadanos honestos, responsables y honrados.
La educación parte del hogar, del buen ejemplo de los padres, del diálogo de corazón a corazón. Pero, qué educación van a dar unos padres que viven en eterno conflicto y pelea, o que no paran en casa? Para educar se requiere la unión de los padres, la estabilidad conyugal, la fidelidad de papá y mamá. El ejemplo educa más que las palabras y que el mejor colegio del mundo. Nada educa más que la armonía conyugal.

Instruir, hoy por hoy, consiste en atiborrar de conocimientos. A los padres de familia se les está olvidando educar (o no lo aprendieron). Educar es formar al hombre, es preparar los hijos para que vivan la vida, para que se enfrenten a los problemas que tarde o temprano se les van a presentar.
Educar debería consistir en formar ciudadanos, en transmitir valores, en capacitar a los hijos para luchar, para comprender, para perdonar y para amar. Y esto poco o nada se está dando hoy.
Educar es inducir valores morales en los hijos, es enseñarles a comunicarse los dones y regalos, a ayudarse mutuamente, a aceptar la legítima autoridad, a servir y a perdonar. Hoy en día la educación ha olvidado los valores morales y religiosos. Por eso ha dejado de ser educación para convertirse en instrucción o mera deseducación.
La verdadera educación debe formar a los hijos en la fe en Dios, en su presencia humana, en su providencia, en su diario peregrinar con nosotros en el camino de la vida hacia el más allá. Es decir con valores y costumbres espirituales.
Educar es la más bella misión que Dios les dio a los padres de familia: antes que en hacer dinero, en afirmarse como el mejor ejecutivo del año, o la mejor profesional o la mejor vestida o maquillada de la nación, piensen en ser los mejores padres de familia, los mejores educadores del país.

Los instintos agresivos de sus hijos vienen, no lo duden, de los diarios conflictos entre ustedes dos, y de la frecuente dosis de televisión, internet y medios digitales no regulados.
¿Quiénes y cómo deben educar a los niños?
El diálogo, unido a la frecuente presencia en casa, sobre todo a la noche y al atardecer, y en los fines de semana, es educador, da seguridad, da orientación, da madurez. Superada la infancia y llegada la adolescencia de los hijos, la relación vertical padres-hijos, debería convertirse en relación de igualdad, de amistad.
La amistad educa hoy día más que el regaño y la autoridad. Y aprovechen esa amistad para escuchar las dudas de sus hijos, para jugar con ellos, para compartir sus angustias y darles seguridad.
Vayamos finalmente al elemento más crítico en el hogar: los hijos, la tecnología. Si en algo estamos de acuerdo, es que la tecnología a puesto a disposición el acceder a una gran cantidad e información al alcance ya sea de un control remoto o de un click y que los niños son hábiles intrecatuando con los diversos medios tecnologicos en casa, que puede ser un SmartTV, Smartphone, Laptop, Tablets, etc. Sin embargo mal usada o no controlada, hoy en día no suele educar sino que se limita a nutrir (o más bien matar ) a los usuarios, sobre todo niños, con la violencia, el sexo, vanidad y el lujo de la publicidad.
Pregúntate ¿Qué pueden aprender tus hijos recibiendo todo el santo día una fuerte dosis de agresividad? Ahora podrías ya comprender el por qué advierten en ellos intentos de pelear, disgustar y hasta matar.
Lo mejor que podrías hacer es no dejarles a rienda suelta y que ellos reciban el bombardeo de todo tipo de contenido. Al contrario te animamos a supervisar sus modos de entretenimiento.
Por otro lado desde los centros educativos deben educar desde el corazón, estableciendo vínculos con el alumnado, creando ciudadanos con seguridad y confianza en sí mismos, de manera que sean capaces de fijar y alcanzar objetivos y logros personales.
La sociedad y el mercado laboral reclaman personas que:
– Sean capaces de trabajar en equipo
– Que tengan habilidades de coordinación y cooperación
Es por ello que desde las escuelas se puede sembrar y crear ese tipo de ciudadanos, capaces de subsistir en un mundo cada vez más globalizado.
Educar desde el corazón es educar desde la comprensión, el respeto y el amor.
El enfoque del sistema educativo o del docente debe ser educar desde la individualización y la atención hacia las personas. Deben recordar que trabajan con personas pequeñitas, con el futuro de nuestra sociedad; a quienes no solo deben enseñar simplemente una materia; pues no dependen sólo del aprendizaje de un conocimiento técnico sino de un aprendizaje global, donde las emociones y los sentimientos están presentes constantemente.
El objetivo debe ser alcanzar la plenitud del desarrollo afectivo en los niños, y para que este desarrollo afectivo alcance su plenitud debemos potenciar en el alumnado capacidades tales como: El autoconocimiento, la detección y regulación de las propias emociones.
Conocernos a nosotros mismos es fundamental si queremos llevar una vida en armonía con la sociedad y con nosotros, así como para poder regular nuestras emociones y nuestro comportamiento.
Es por esto por lo que se debe ofrecer a los alumnos/as las herramientas necesarias para conocerse a sí mismos. Debemos hacerlo desde pequeños a través de pautas tan sencillas como dedicar un tiempo en el día a reconocer nuestras emociones y la de los demás. Para comenzar, trabajando las emociones básicas de los niños, para así ir ampliando la gama de emociones a lo largo de su desarrollo.
Pero… ¿sólo educan los educadores?
La educación es tarea de todos, y como tal necesitamos el compromiso de toda la sociedad para que podamos conseguir un desarrollo integral de la persona.
Es en ella en donde como individuos debemos convertirnos en referentes de los valores que se pregonan en los colegios y en nuestras familias, claro esta que si no somos buenas personas con principios nunca podremos contribuir a serlo.
En resumen podemos decir que en el desarrollo afectivo, valores y principios de un niño, quien años más tarde se convertirá en un adulto, tenemos a la familia como agente central, de cambio. y por lo mismo se busca la correcta acción conjunta de familia-escuela como un elemento clave en el desarrollo de los futuros ciudadanos y que como tal debemos cuidarlo y potenciarlo. Debemos ser conscientes de dicha necesidad, de trabajo en equipo, de una relación con la familia que nos permita la continuación de hábitos y valores.
Por último, debemos tener en cuenta el entorno del niño/a, la comunidad donde crece, pues solo acercándonos a todos los agentes educativos estaremos individualizando la enseñanza.
No debemos olvidar que educamos a personas, que el corazón y la afectividad serán necesarios si queremos educar de manera integral, no creando una fijación hacia el desarrollo intelectual del niño sino el de principios y valores los cuales no caducan sentaran las bases para que algún día estos formen familias sólidas y contribuyan a construir una mejor sociedad.
Fuente: Internet
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