Piezas ceremoniales de la cultura Mochica se presentan en Zaragoza

La muestra “El arte mochica del antiguo Perú. Oros, mitos y rituales”, con un centenar de piezas invita en Zaragoza (noreste de España) a conocer la sofisticación de esta cultura precolombina instalada entre los años 100 y 800 d.C. en la costa norte de Perú.

Estas piezas, cerámicas, joyas, objetos ceremoniales de metales preciosos, textiles, además de objetos de uso ritual de madera, piedra, concha y hueso, todas ellas pertenecientes al Museo Larco de Perú, se exhiben desde el Caixaforum Zaragoza tras pasar por Barcelona y Madrid.

El director del Museo Larco, Andrés Álvarez-Caldarón, explicó, durante la presentación de la muestra, que “muchas veces cuando se piensa en el Perú antiguo se piensa directamente en los incas, pero que esta civilización simplemente era la que gobernaba cuando llegaron los españoles, eran la foto del momento. Los incas llevaban gobernando solo 150 años antes de la llegada de Pizarro, mientras que en Perú había “alta cultura” desde el 3,000 antes de Cristo y es una de las seis cunas de la civilización -junto a Egipto, Mesopotamia, China, India y México-, la única en el hemisferio sur, uno de los muy pocos lugares en los que los seres humanos deciden juntarse de forma administrativa y religiosa y formar ciudades”.

Los mochicas eran una sociedad agrícola,  en las que cobran especial protagonismo tres tipos de animales: las aves, las serpientes y los felinos (en este caso el puma y el jaguar). Estos se asocian a los tres espacios fundamentales de los que dependen estas sociedades: el “mundo de arriba”, simbolizado por las aves, donde está el sol, la lluvia y las estaciones climáticas; el “mundo de abajo”, encarnado por la serpiente, también de los muertos, con la tierra, donde germinan las semillas y nace la agricultura; y el “espacio de encuentro”, donde viven los seres humanos.

En estos objetos aparece también la antropomorfización del felino o incluso animales mitológicos en forma humana que aúnan a los tres sagrados, como símbolo del “hombre todopoderoso” que gobierna este mundo en interacción con los otros dos.

La actividad agrícola también se refleja en el interés por la fertilización, con varias figuras que representan escenas sexuales de distinto tipo, y en los diferentes rituales para la lluvia, el buen clima o que la Madre Tierra fertilice.

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