Japón se vuelve a teñir de rosa con el florecimiento del “sakura”, el cerezo japonés, momento en el que miles de japoneses y turistas disfrutan de este fenómeno en parques, avenidas y templos..

Parques como el de Ueno, en el que sus 1.200 cerezos se abren en una explosión de color, o el céntrico parque de Hibiya se llenaron de visitantes que paseaban y hacían un picnic debajo de los árboles.

Ayako Sakai fue una de las que acudió con unas compañeras de trabajo para disfrutar del espectáculo. “Los cerezos son hermosos, un símbolo de Japón. Su florecimiento se siente como la propia primavera, uno se da cuenta de que el frío del invierno ha dado paso a la nueva estación”, explica esta trabajadora del sector químico de 34 años

Pero los japoneses no son los únicos que se sienten atraídos por la estampa primaveral, cada vez más turistas viajan al país asiático durante los meses de marzo y abril (el “sakura” suele tener lugar entre finales del tercer mes del año y principios del cuarto).

El “hanami”, con el que tradicionalmente se celebraba la cosecha de Año Nuevo y el comienzo de la época de la siembre del arroz, era originalmente una práctica limitada a la nobleza japonesa, que se popularizó en el período Edo (1603-1867) y trajo consigo una reinvención del fenómeno.

Además de ser un fenómeno cultural, el “sakura” es un filón para comercios y cadenas, que aprovechan esta época para comercializar productos exclusivos diseñados para la ocasión.

Los hoteles ofrecen paquetes especiales, los restaurantes diseñan menús con el color de las flores de los cerezos y los centros comerciales como el Midtown vende en los supermercados cajas de comida y dulces tradicionales para disfrutar de los picnic.

Vinos rosados, cervezas de “sakura”, bolas de arroz y cafés rosáceos, y dulces con forma de flor de cerezo colman temporalmente los escaparates de los locales, que año tras año se reinventan para que los clientes se aventuren a comprar sus productos.

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